Diferenciarse, con el efecto wow
Cuando escuchamos esta frase nos pasó por la cabeza un montón de empresas que han puesto erróneamente el foco en el precio.
¡Ojo! No nos malinterpretes, que el precio es importante, pero no lo más importante.
Por ejemplo, en el sector del turismo, donde la gente está predispuesta a gastar más porque es su momento de disfrutar.
Sí, ya sabemos que siempre se compara, pero si eres irresistible tu precio pasará a segundo plano.
¿Y cómo ser irresistible?
Bueno, no te vamos a contar lo que ya todos sabemos: ser buenos anfitriones, atentos a las necesidades, cuidar los detalles … eso ya lo damos por descontado.
Ahora te queremos contar cómo hemos visto nosotros que las empresas se han vuelto irresistibles.
Y como siempre (ya nos vas conociendo), te mostramos como hacerlo siguiendo un orden.
Primer paso, querer hacer algo con el foco puesto en la diferenciación.
Diferenciación, quédate con esa primera idea.
¿Qué tiene mi actividad, servicio o alojamiento diferente a los demás?
La pregunta es sencilla, pero tiene mucha tela.
Te aseguramos que cuando te frenas a pensar, te sale, y a veces te sorprendes a ti mismo por la respuesta.
Recuerdo una empresa que dijo “Me eligen porque les dejo cosechar las lechugas de mi huerto, desde ese día trato de cultivar siempre algo que puedan cosechar ellos mismos”.
Y como segundo paso, busca sorprender, algo que no se esperan.
Sorpresa, es la segunda idea.
El efecto “Wow”
Y un ejemplo es un guía que nos dijo: “En mis rutas les hago escuchar el silencio, nos detenemos al lado de un acantilado que absorbe todos los sonidos y la acústica es impresionante, al final todos terminaron diciendo “wow”, pero muy bajito.
En definitiva ser diferente y sorprender, dos poderosas herramientas que hacen que seas irresistible y así el precio pasará a segundo plano.
Hemos recopilado ideas de diferenciación y sorpresas que nos han gustado, alguna te puede inspirar. Selecciona el tuyo:
1. La etiqueta que nadie pone: Junto a un producto, coloca una pequeña tarjeta escrita a mano con una sola frase: el origen del artículo, por qué lo elegiste, o qué le preguntaste al fabricante antes de comprarlo. El cliente no esperaba que una tienda de barrio pensara tanto en lo que vende.
2. El regalo sin ocasión: A un cliente habitual, entrega un producto pequeño sin ninguna justificación: sin descuento, sin cumpleaños, sin motivo. Solo «pensé en ti cuando lo vi». Eso no se olvida y se cuenta en la primera comida familiar.
3. La tienda que te llama: Cuando llega algo que sabes que le encantaría a un cliente concreto, le llamas o le mandas un mensaje. No un boletín. Un mensaje personal. El cliente descubre que para ti no es un número sino una persona con un gusto.
4. El packaging que da pena abrir: Envuelve una compra pequeña como si fuera un regalo de Navidad. Papel, cuerda, una nota. El cliente lleva el paquete a casa y lo enseña antes de abrirlo.
5. La historia detrás del precio: Cuando alguien pregunta por qué algo es caro, no te disculpes. Cuéntale la historia: el artesano, el tiempo, el material, el viaje. El cliente que entiende el precio lo defiende ante los demás.
1. El sobre del final: Al terminar la experiencia, entrega un sobre cerrado con «ábrelo en casa, no antes». Dentro: una foto impresa del momento clave, una frase que resumió el día, o una recomendación local que no está en ninguna guía. Llevan el sobre como si fuera parte del recuerdo.
2. El nombre del lugar que no existe en Google Maps: Lleva a tus clientes a un rincón, mirador o bar que no aparece en ninguna app. Diles: «esto no lo sabe casi nadie». La exclusividad del conocimiento vale más que cualquier monumento conocido.
3. La llamada de antes: Llama o escribe al cliente uno o dos días antes de su visita. No para confirmar. Para contarle algo que va a pasar esos días: un mercado, un evento local, el mejor momento del día para ver algo. Llegan sintiéndose preparados y especiales.
4. La foto que no esperaban: En el momento más bonito de la experiencia, haz una foto discreta del grupo o de la persona. Al final, la compartes. No la pidieron. No la esperaban. Se convierte en la foto que más comparten.
5. El souvenir que fabrican ellos: Que el cliente haga algo con sus manos durante la experiencia: una cerámica, un aceite, una mezcla de especias, una etiqueta personalizada. Lo que uno crea, lo enseña. Lo que uno compra, lo guarda.
1. El plato que no está en la carta: Una vez por servicio, ofrece a una mesa algo que no aparece en ningún sitio: una prueba de lo que estás desarrollando, un extra de temporada, un capricho del cocinero. No lo venden. Lo regalan. Y es lo primero que cuentan.
2. La nota del chef: Un papel pequeño junto al plato que explica en dos líneas por qué ese ingrediente viene de donde viene, o qué hace especial esa receta. No el camarero. Un papel. El cliente lo lee, lo fotografía, y a veces se lo lleva.
3. El final que nadie esperaba: Al final de la comida, en lugar de la cuenta directamente, aparece un pequeño obsequio: una galleta casera, un chupito de producción propia, un bombón con la forma de algo local. Nada caro. Pero es lo último que se vive y lo primero que se recuerda.
4. La reserva con contexto: Cuando alguien reserva para celebrar algo, pregúntale qué celebran. Cuando llegue, tienen en la mesa un pequeño detalle relacionado: una tarjeta, una flor, una línea escrita en la pizarra. El cliente descubre que alguien les escuchó.
5. El ingrediente que puedes llevarte a casa: Al final, ofreces al cliente comprar el ingrediente estrella del plato que más le gustó: la sal, la mermelada, el aceite, la especia. No es merchandising. Es prolongar la experiencia en su cocina y en su próxima conversación.
1. El informe que explica lo que no salió: En tu entrega de resultados, incluye una sección breve sobre lo que no funcionó y por qué. Ningún profesional hace eso. El cliente que lo lee confía más en lo que sí salió bien.
2. La llamada de los 30 días: Un mes después de terminar el trabajo, llamas sin motivo comercial. Solo para saber cómo está yendo lo que hiciste juntos. El cliente no espera que nadie llame después de cobrar. Eso te convierte en alguien diferente a todos los demás.
3. El manual que nadie pide pero todo el mundo necesita: Al cerrar un proyecto, entrega una guía de una sola página con «lo que debes recordar de aquí a un año». Sin tecnicismos. Sin autopromoción. Solo lo que importa para que tu trabajo siga funcionando cuando tú ya no estés. Lo guardan.
4. El aviso por el que nadie te contrató: Si durante tu trabajo detectas algo que no es tu área pero puede afectar al cliente, se lo dices igual. Sin cobrar por eso. Sin esperar reconocimiento. El cliente descubre que trabajas para ellos, no para el contrato.
5. El resumen de lo que aprendiste de su negocio: Al final del proyecto, comparte con el cliente dos o tres cosas que aprendiste de su sector gracias a trabajar con él. Lo que ves desde fuera que ellos no ven. Es inesperado, útil, y dice mucho de cómo trabajas.
1. El número que viene de una finca, no de una fábrica: Añade a tu etiqueta o packaging un dato concreto y trazable: la parcela, el árbol, el día de recogida, el nombre del productor. El consumidor que puede señalar el origen en un mapa ya no compra un producto: compra un lugar.
2. La cata que no esperaban en el pedido: Incluye en el envío una muestra de algo diferente a lo que compraron, con una nota que explica de dónde viene y por qué lo incluyes. Sin coste adicional. El cliente recibe más de lo que pagó. Eso se cuenta.
3. La receta de quien lo hizo: Junto al producto, incluye la receta que usa tu familia, tu abuela o tus vecinos para prepararlo. No una receta de chef. Una de verdad, con medidas a ojo y consejos de quien lo ha cocinado toda la vida. Lo guardan y lo comparten.
4. La visita que te convierte en productor: Invita a clientes o distribuidores a venir a ver la producción. No como visita turística. Como parte de su relación contigo. El que ha pisado tu campo, ha olido tu bodega o ha visto tus manos en el trabajo, defiende tu producto como si fuera suyo.
5. La temporada que solo tú anuncias: Cuando llega el momento de algo único —la primera prensa, la cosecha temprana, el lote de edición limitada— avisa a tus mejores clientes antes que a nadie. No como marketing. Como confidencia. Ellos se sienten parte de algo que muy pocos saben.
1. El informe que nadie espera en enero: Al empezar el año, envía a cada empresa asociada un resumen breve y personalizado: cuántas actividades usó, qué contactos generó, qué valor estimado obtuvo. No un resumen de lo que hizo la asociación. Un resumen de lo que obtuvo esa empresa en concreto. Nadie espera que su asociación les rinda cuentas a ellos. Ese gesto invierte la relación: de «cuota que pago» a «inversión que me rinde».
2. La presentación que hace la red, no el asociado: Cuando una empresa de la red busca un proveedor, un colaborador o un cliente concreto, el gestor de la red se lo presenta directamente sin esperar a que lo pida. No un directorio. Una llamada o mensaje: «creo que X te puede ayudar con esto, ¿te la presento?». El asociado descubre que la red trabaja para él aunque él no esté mirando.
3. El dato que ninguna empresa tiene sola: Agrega información anónima de todas las empresas de la red —precios medios, cuellos de botella comunes, tendencias de demanda— y compártela como un informe trimestral exclusivo para asociados. Ninguna empresa puede acceder a esa visión en solitario. Ese dato colectivo es el activo más singular que puede ofrecer una red y el que menos redes explotan.
4. La carta escrita a mano al renovar: Cuando una empresa renueva su cuota, el presidente de la junta o el gestor le envía una nota breve escrita a mano: algo concreto que esa empresa aportó a la red ese año, o algo que la red espera hacer por ella el siguiente. No es un recibo. Es un reconocimiento. En un mundo de correos automáticos, eso se guarda.
5. El momento en que la red te defiende en público: Cuando una empresa asociada recibe una crítica injusta, una situación difícil o una oportunidad que merece visibilidad, la asociación toma posición públicamente. No en todos los casos, pero en los que importan. El asociado que ve que su red le respalda cuando lo necesita deja de percibir la cuota como un gasto y empieza a defenderla ante otros empresarios que aún no son socios.
Notas técnicas ocupadas en este Mensaje
Este WhatsApp utiliza principios de comportamiento aplicados a la comunicación.
NOTA 1: Por un lado, trabaja la diferenciación como forma de reducir la comparación por precio. Cuando una empresa consigue que el cliente identifique algo propio, singular o difícil de encontrar en otra parte, deja de competir solo desde el precio.
NOTA 2: También se apoya en el efecto sorpresa. Nuestro cerebro presta más atención a lo inesperado, especialmente cuando aparece dentro de una experiencia que parecía previsible. Un gesto sencillo, una escena cuidada o un detalle bien colocado pueden generar un recuerdo mucho más potente que una larga explicación comercial.
NOTA 3: Además, aparece el sesgo de disponibilidad: las personas recomiendan con más facilidad aquello que recuerdan rápido y pueden contar de forma sencilla. “Cosechamos nuestras propias lechugas” o “escuchamos el silencio junto a un acantilado” son imágenes fáciles de recordar, repetir y compartir. La idea de fondo es ayudar a la empresa a detectar su propio momento memorable: ese pequeño “wow” que convierte una experiencia correcta en una historia que el cliente se lleva consigo.
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